Mi duelo
- Marisol Salazar Urresta

- 2 ene 2021
- 5 min de lectura
Un 2 de enero del 2011 la vida me sacudió, me despojó de lo más preciado que he tenido. En ese momento no lo sabía pero unos meses después me dí cuenta que había perdido mi timón, mi ancla, mi guía.
El cáncer me arrebató a mi madre, Ella fue una guerrera que batalló hasta el último segundo durante casi 4 años... Se aferraba a la vida por nosotras sus hijas porque había desempeñado un papel tan impresionante y maravilloso como madre pero se había olvidado de enseñarnos a vivir sin Ella y cuando intentó dar esta maestría se dió cuenta que prefería seguir luchando por vivir para no dejarnos sin su compañía.
Edificó un hogar en el que la pieza fundamental era Ella junto a un hombre que aprendió a verla como el regalo más bello que Dios le dió, su segunda madre, la esposa incondicional, la mujer que lo acercó a Dios por quién Él había logrado tantas cosas que jamás imaginó.
Conmigo particularmente... Ya en una camilla de hospital, un lunes 27 de diciembre del 2010 cuando Ella ya sentía que había llegado su hora de partir, muy consciente decidió tomarme de la mano e ir recorriendo los diferentes momentos de mi vida y adicional darme consejos para aquellos momentos en los que no iba a estar, hablamos de todo, me regaló esa sabiduría que le había caracterizado desde siempre, si bien es cierto yo intentaba no llorar pero era inevitable, ambas lloramos porque sabíamos que la vida en vez de sumar minutos nos los estaba restando... Esa noche me quedé a dormir en el hospital y justo mi amigo secreto de una reunión navideña de mi trabajo me regaló un CD de Jesús Adrian Romero, lo escuchábamos una y otra vez, a Ella la calmaba a mí me desahogaba...
Escuchamos en el hospital la canción "Escalera con las nubes", en mí había la esperanza de que iba a ocurrir un milagro y Ella iba a salir adelante, que íbamos a salir antes de su cumpleaños que era el 1ero de enero, ese era un deseo para Ella y una de las razones por las que no quería que la hospitalicen porque sentía que no iba a pasar su cumpleaños con nosotros.
Con mi hermana mayor nos turnábamos para acompañarla en la noche, regresé el miércoles 29 era notorio su deterioro pero tuve la bendición de seguir conversando, de continuar recibiendo sus consejos, sus palabras sabias, mi Madre logró despedirse en contra de su voluntad, esas escasas horas no eran suficientes más cuando mi esperanza seguía intacta y en ese momento no lo veía como despedida... Hoy me arrepiento no haber grabado nuestras conversaciones porque la memoria es muy frágil, solo sé que Ella durante los 24 años que tuve la dicha de vivir a su lado me dió el mejor legado, su ejemplo de amor, fé, fuerza y no podía haberle pedido más a Dios y a la vida que crecer junto a una mujer maravillosa, siempre supe que era afortunada por tenerla en mi vida, Ella era luz, era una mujer como aquellas que ya no hay, dueña de un corazón demasiado bello, íntegra cómo dice mi Papi a Dios se le fue la mano... Y todos los que tuvieron la dicha de conocerla podrían decir que era una mujer distinta, un ser digno de admirar.
Para el 31 ya mi Mami estaba dormidita, tenía signos vitales pero no abría sus ojitos... Ahí aproveché para dedicarle "Escalera con las nubes" yo empezaba a ser más realista y a entender que podían ocurrir dos cosas, un milagro o una despedida.
Le festejamos su cumpleaños a las 00:00 del nuevo año 2011 cómo lo habíamos hecho desde siempre, a mi Mami le deseábamos Feliz año y a la vez Feliz Cumpleaños, de pronto ocurrió el milagro Ella nos levantó su manito con sus ojitos cerrados y formó 5 cruces dándonos la bendición a mi papi y a sus 4 hijas. Ese 1ero de enero se despertó y vio su camilla decorada, habló con mi tía y mi hermana, pasó despierta unas horas con Ellas... Cuando llegamos mi papi, mis dos hermanas menores y yo, se había quedado dormida nuevamente, esa noche yo me quedaba a dormir, me acosté a su lado y sentía que iba a ocurrir lo que tano temía la abracé le pedí que si había llegado la hora necesitaba seguir con las conversaciones porque no estaba lista para no tenerla en mi vida, necesitaba que "abra una ventana allá en el cielo para subir cada mañana y saludarla". El 2 de enero del 2011 amaneció muy nublado pero entre las cortinas había un rayo de luz, mi tía y la mejor amiga de mi mami que también amanecieron ahí en la habitación lo vieron... sabíamos que llegó el momento.
La vida me sacudió, es difícil explicar lo que sentí en la habitación cuando el doctor indicaba la hora y procedía con su protocolo... Solo quería tener un poder para revivirla, que ese momento no sea verdad... No estaba lista para dejarla ir, quería inmortalizar su voz, su mirada, sus abrazos, su manito dándome la bendición.
Vinieron meses muy duros para todos en mi casa se nos había ido una persona esencial e irremplazable de nuestras vidas, el timón de nuestro hogar, todos la necesitábamos, ninguno sabía como vivir sin Ella. Yo intentaba recordar sus palabras, su ejemplo pero la tristeza me invadía... Había días que no los vivía solo existía, no le encontraba sentido ni dirección a mi vida. Sabía que mi papá y mis hermanas sobretodo mi hermanita menor me necesitaban pero cada uno tenía su propio duelo, su forma de extrañarla y recordarla, lo más difícil era intentar vernos como un hogar cuando cada uno estaba lidiando con sentimientos fuertes e irreparables por dentro.

Antes de ese 2 de enero y ya en el hospital formamos una estrella de 6 puntas con nuestros dedos, una estrella que hoy brilla muy fuerte que nos da luz cuando la oscuridad puede ser inevitable.
Después de diferentes intentos por encontrar una dirección decidí hacer un retiro espiritual, Emaús, realmente fue lo que más me ayudó, ahí aprendí a ver a Dios como mi psicólogo en mi proceso de duelo, creé mi propia forma de hacer introspecciones, me refugié en él, un día recuerdo que le pedí que me abrace tan fuerte porque jamás había experimentado tanta debilidad y sentía que estaba tocando fondo que necesitaba que Él me abrace y me ayude. Dios atendió mi pedido.
Hoy se cumplen 10 años de aquel día, cuando regreso a ver mi proceso puedo decir que no ha sido fácil, hay heridas que por siempre quedarán abiertas. Hay pérdidas irreparables, que jamás se superan pero que nos exigen aprender a vivir con ellas... Hay personas inolvidables que se quedan impregnadas en nuestra mente y corazón, a quienes las descubrimos y encontramos constantemente en nuestra esencia.
Me ha cumplido mi deseo de abrir ventanas en el cielo para enseñarme a sentir su compañía sin estar físicamente a mi lado, es mi Ángel que me cuida y me guarda, sabe que si la siento junto a mi es más fácil caminar con protección y su guía, es inevitable no sentir impotencia, ganas de que las cosas sean distintas y me doy mi libertad de aceptar mis sentimientos, mis deseos, mi forma de extrañarla porque para mí el hecho de no tenerla físicamente me ha marcado para siempre.
Algo que es cierto y no lo digo por fé o esperanza sino con la plena consciencia de que así es... Una madre es el reflejo de Dios en la tierra, hay un lazo irrompible que supera distancias, límites y la muerte misma porque entre una madre y sus hijos hay una conexión eterna. Desde hace 3 años que soy mamá lo confirmé. Sigo aprendiendo a vivir sin Ella y talvez nunca lo termine de hacer, solo doy gracias por los momentos vividos, los recuerdos creados y atesorados. Esta pérdida después de un tiempo se volvió el mayor proceso de crecimiento para construir una mejor versión de mi misma pero en mi camino no he dejado de admirar el cielo y sentir su bendición diariamente, su ausencia física me exigió aprender a ser #SabiamenteFeliz.





Comentarios